¿Cómo nos vinculamos con los niños?
Los seres humanos somos una especie que nacemos indefensos, necesitando de un otro para la supervivencia. Paulatinamente el bebe en interacción con el medio y otros seres vivos se vuelve más autónomo y de esta interacción mutua van surgiendo transformaciones en el bebe, en los seres que interactúan con él y en el mismo entorno.
Nuestro cerebro tiene la capacidad genética de adquirir el lenguaje articulado dentro de un ambiente que habla una determinada lengua. Adquiere fonemas, morfemas, estructura sintáctica, pragmática del medio externo parlante que lo rodea. Progresivamente el individuo va perfeccionando el uso de la lengua.
Pero qué pasa con un bebe indefenso que es desprovisto de afecto y de interacciones con otros seres vivos, que solo es alimentado e higienizado...
Tan triste es saber qué le pasa un bebe desprovisto de afecto, René Spitz, lo llevó a la práctica en 1945, se pueden ver los videos de los niños que formaron parte de este experimento, como fueron cambiando su comportamiento hasta que mueren.
Según Bowlby se desarrolla conductas de apego entre el 4 y 6 mes, para Spitz entre el 7 y 8 mes.
Existe una tendencia genética a la proximidad por la que el bebe busca a una madre, también existe un aprendizaje de estas conductas de apego que se va a desarrollar con las diferentes interacciones.
La falta de apego, ya sabemos, conduce a la muerte, enfermedades físicas y mentales. El apego le permite al niño calmar sus miedos, ansiedades, incertidumbres.
Por una parte la figura de apego garantiza la supervivencia del individuo y luego le da la seguridad para que el individuo pueda explorar el medio y en esa exploración adquirir nuevos aprendizajes.
Si el apego es más bien un pegoteo, el niño no puede explorar libremente por lo que sus aprendizajes se verán limitados.
La figura de apego se internaliza y eso le permite al niño sentirse seguro para seguir explorando y experimentado.
Que sucede hoy con este organizador del desarrollo psicomotor, el apego. En el consultorio desde hace unos 10 años aproximadamente, veo cómo ha ido cambiando el vínculo que los niños tienen con sus padres y cómo esto afecta directamente el aprendizaje de la lengua materna.
Mientras esperan a ser atendidos los papás ven su celular, a veces los niños también ven su celular, el celular es usado en muchas ocasiones tanto por el adulto como por el niño formando una barrera entre ambos. No hay interacción, a veces no hay control, es una conducta adictiva y los papás dentro de la consulta mientras realiza la anamnesis o valoraciones en el niño, no dejan de usar el celular.
Frecuentemente trabajo con niños con conductas de aislamiento, mutismo, conductas disruptivas, bastante extremos que me hacen dudar y replantear una y otra vez la hipótesis diagnóstica. No se si para fortuna o no la mayoría de la veces estos casos que pueden parecer inicialmente con un compromiso fisiopatológico de base, solo hay vínculos de apego que requieren revisión.
En nuevas publicaciones voy a relatar diferentes casos sin divulgar la identidad de los pacientes para que juntos podamos aprender de todo lo que podemos lograr con buenos vínculos de apegos con los niños y cómo los ayudan a crecer.
Saludos Cordiales
Lic María Laura De Martini